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Breve historia de la Provincia del Santo Evangelio de México,

desde sus orígenes a la fecha

Artículo escrito por el Dr. Fr. Francisco Morales, OFM

ORÍGENES

Los orígenes de la Provincia del Santo Evangelio están profundamente enraizados en tres características del franciscanismo de principios del siglo XVI: retorno a los ideales fundacionales de la orden; idealismo evangelizador; acercamiento al pueblo evangelizado.

Retorno a los ideales originales. La Provincia del Santo Evangelio fue establecida por un grupo de franciscanos muy ligados con hermanos que, desde fines del siglo XV, luchaban por una reforma radical en la orden. El escenario en el que se formaron espiritualmente estos hermanos abarcó desde los antiguos eremitorios de las provincias italianas, particularmente las “Cárceles” de Asís, en donde estuvieron los fundadores de la provincia de de los Ángeles en Extremadura, (España) hasta los pequeños conventos recoletos de varias provincias de la orden, muy particularmente los de Flandes y los de San Gabriel de Extremadura, cuna de los primeros franciscanos que llegaron a México.

La fundación de la Provincia del Santo Evangelio. En 1523 llegaron a México tres franciscanos procedentes de Bélgica, muy cercanos al Emperador Carlos V. Ellos eran Juan de Tecto, (van der Tacht) Juan de Agora (van der Auwera) y Pedro de Gante (Moer). Dos de ellos, Juan de Tecto y Juan de Agora murieron muy pronto en la malograda expedición de Hernán Cortes a las Hibueras. En 1524, bajo la dirección de fray Martín de Valencia, llegó el grupo que es considerado como el fundador de la provincia, razón por la que se le conoce como el grupo de los “Doce Primeros” Lo integraban e además del ya mencionado Martín de Valencia, fray Francisco de Soto, fray Martín de la Coruña, fray Juan Suárez, fray Antonio de Ciudad Rodrigo, fray Toribio Motolinía, fray García de Cisneros, fray Luis de Fuensalida, fray Juan de Ribas, fray Francisco Jiménez, fray Juan de Palos y fray Andrés de Córdoba.
Este grupo original se fue enriqueciendo, a partir de 1529, con otros religiosos notables por su profunda vida espiritual y letras. Graduados de la universidad de Salamanca fueron fray Alonso de Herrera, fray Antonio de Huete ambos doctores en leyes. Fray Andrés de Olmos y fray Bernardino de Sahagún procedían de la misma universidad. De otras universidades fueron fray Juan de Gaona, maestro de teología por la universidad de París, fray Jacobo Daciano, dinamarqués, miembro de la familia real e insigne teólogo, fray Arnaldo de Basacio, letrado y maestro de música, fray Jacobo de Testera, predicador de la corte de Carlos V, fray Marcos de Niza, letrado, fray Juan Focher, doctor en leyes por la universidad de París, y fray Maturino Gilberto.
Esta lista se podría alargar con otros frailes que tomaron el hábito en México y se distinguieron por sus letras, como fray Alonso de Molina, el primer lingüista de México, y fray Juan de Torquemada, cronista que recogió importante información sobre el México antiguo.
La Provincia del Santo Evangelio quedó formalmente fundada en 1535, cuando el capítulo general de Niza le concedió el título y derechos correspondientes.

Los primeros conventos. Los primeros conventos de la Provincia se establecieron en cuatro centros urbanos indígenas de suma importancia: México-Tenochtitlan, sede del vencido “imperio mexica”, Tezcoco, notable centro cultural y antiguo centro político, Tlaxcala, capital del grupo indígena rival de los mexicas, y Huejotzingo, al parecer una de las ciudades estratégicas de mayor relevancia fuera de México.
Desde estos centros se extendió la acción evangelizadora en la zona central de México. Partiendo de México-Tenochtitlan, los frailes, dos años después de su llegada (1526), habían alcanzado en sus correrías apostólicas por el sur, los pueblos de Cuernavaca (antigua Cuaunahuac) y un poco más tarde la región de Taxco e Iguala. Por el norte muy pronto llegaron a los pueblos cercanos de Cuautitlan y Tepoztlan. Desde Tezcoco los frailes extendieron su acción primero a Tulancingo y Tepeapulco para continuar posteriormente hasta la región del Pánuco. Desde Tlaxcala y Huejotzingo cubrieron gran parte de los actuales Estados de Puebla, Veracruz y Tlaxcala. Al terminar el siglo XVI la Provincia del Santo Evangelio tenía 64 conventos en otros tantos pueblos del altiplano mexicano.

Conventos y Pueblos Los franciscanos establecieron sus conventos en los antiguos centros urbanos indígenas que habían gozada de hegemonía en la época prehispánica: llamados altepeme (plural de altepetl). Las poblaciones aledañas (pueblos sujetos, los llaman los frailes) eran visitadas desde los conventos de acuerdo con un programa previamente establecido. Los domingos todas las comunidades indígenas se reunían en los conventos para la instrucción religiosa y celebración de la misa. En las fiestas locales los frailes iban a celebrarlas en las pequeñas poblaciones En esta forma se pudo mantener el tejido social indiano ahora revestido de cristianismo.

La expansión hacia el norte. La Provincia del Santo Evangelio fue el centro del que salieron las restantes provincias franciscanas de México. En 1535, al adquirir el rango oficial de Provincia, se desprendió de ella el grupo de conventos de la zona occidental, con los que quedó constituida la custodia de Michoacán que en 1565 alcanzó el rango de Provincia. La Provincia del Santo Evangelio siguió avanzando, y hacia la década de 1560 llegó hasta Zacatecas que para principios del XVII (1603) adquirió también su rango de provincia independiente.
El avance hacia el norte y noreste de México continuó durante el siglo XVI con la fundación de dos custodias misioneras: Tampico y Nuevo México. Las misiones de Tampico fueron iniciadas por el notable escritor y lingüista fray Andrés de Olmos. En 1585 ya con el rango de custodia, tenía doce conventos que cubrían un área aproximada de 25,000 Km2., en una zona semi-pantanosa cercana a las costas del Golfo de México. Los frailes utilizaron la rudimentaria tradición urbana de algunos grupos indígenas para establecer los primeros conventos-misiones. Tales serían los casos de los conventos de Tanchiapa y Tamián. En otras partes se fundaron nuevos pueblos, como Tamaolipa levantado por el padre Olmos con indios olives y un grupo de chichimecas.
Las misiones y custodia de Nuevo México, cuyo territorio fue explorado desde 1539 por fray Marcos de Niza, tuvieron sus orígenes en 1598 con un grupo de diez frailes que acompañó a Juan de Oñate en su empresa colonizadora del Nuevo México. Cuando recibió el título de custodia en 1616 contaba con 11 conventos-misiones que atendían unos 10,000 nativos. La primera mitad del siglo XVII fue un período de prosperidad. En 1640 trabajaban en la custodia 50 frailes con más de 25 misiones en las que atendían alrededor de 60,000 indígenas de 50 pueblos indios.

MÉTODOS EVANGELIZADORES

Tarea nada sencilla fue la de encontrar un método para acercar el cristianismo a unas culturas indígenas tan distantes de la occidental en la que llegó fraguado el mensaje cristiano. Hubo intentos de establecer un diálogo con los depositarios de la sabiduría indígena particularmente del centro de México De estos intentos quedaron esquemas y borradores que en la segunda mitad del siglo XVI los humanistas indígenas educados en los colegios conventuales convirtieron en el documento conocido como “Coloquios y doctrina con que los doce frailes de San Francisco convirtieron a los indios de la Nueva España”. Este documento es sin duda uno de los más importantes textos de la historia de las misiones católicas.
Otra forma de acercamiento con las antiguas culturas fue “la flor y el canto”, de profundas raíces indígenas y que sirvió de puente de enlace en las grandes celebraciones religiosas cristianas. El teatro y otras representaciones vivas de los misterios cristianos dieron a éstos un sentido dentro del mundo conceptual indígena. Los catecismos pictográficos utilizados en los primeros años de la evangelización forman parte de este acercamiento.
Ayuda inigualable en la tarea evangelizadora fueron las escuelas conventuales que principiaron desde 1523, con la llegada de los tres franciscanos belgas. Gracias a este sistema los franciscanos contaron muy pronto con valiosos colaboradores, ya que según testimonio de los frailes para 1531 tenían en sus conventos alrededor de 5,000 muchachos.
Los franciscanos adaptaron en sus escuelas conventuales el sistema indígena del “calmecatl” en el que se transmitían los conocimientos más importantes de la antigua cultura, como los cantares religiosos, la ciencia para interpretar los códices, la historia y tradiciones de sus pueblos. En las escuelas conventuales se enseñaba, no sólo la doctrina cristiana, sino también la lectura y escritura, el canto de órgano y canto llano, el rezo de las horas canónicas y la liturgia de las misas. Tal sistema tuvo su coronación con el establecimiento del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco en 1536 en el que se recogía a los jóvenes más adelantados de las escuelas conventuales para introducirlos en los conocimientos humanistas de la época: gramática, artes, principios de filosofía, medicina y otras ciencias.

EL DERRUMBE INSTITUCIONAL

El crecimiento de la Provincia del Santo Evangelio, en personal y en geografía, fue continuo hasta el siglo XVIII. De acuerdo con estadísticas de la primera mitad de ese siglo la Provincia contaba con 743 frailes y 71 conventos. A partir de 1750 vino un continuo declive que llevó a reducir a la Provincia para fines del siglo XIX a 11 casas y una docena de frailes. Entre las causas de ese declive se debe mencionar la secularización de las doctrinas del siglo XVIII y los movimientos liberales del siglo XIX.

La secularización de doctrinas de 1749. Los conventos franciscanos fueron llamados “doctrinas” ya que en ellos, además de administrar los sacramentos a las comunidades indígenas, se instruía a éstas en lo que entonces se llamaba doctrina y “cristiana policía” (buen gobierno). Sin ser jurídicamente parroquias funcionaban como tales. Gracias a ellas se mantuvieron importantes elementos de los pueblos originales, entre otros, su idioma. Los frailes vivieron en esos pueblos, conformando su religiosidad, alimentando y dando sistematización a su sentido comunitario con instituciones como mayordomías y cofradías que han llegado hasta nuestros días. Con esto el fraile ayudó a mantener el sentido de identidad de estos pueblos aceptando buen número de expresiones culturales de su pasado no cristiano.
En 1749 el rey Fernando VI ordenó que todos los frailes entregaran los conventos de los pueblos indígenas a los obispos y se concentraran en los de las grandes ciudades. En menos de 50 años los frailes se quedaron reducidos a 21 conventos, establecidos principalmente en las ciudades de españoles.
El golpe a la forma de vida de los frailes fue letal. Planes alternativos de trabajo pastoral y misional no faltaban. Estaban las misiones de Nuevo México y de Pánuco, la reapertura del centro universitario de Tlatelolco, las misiones itinerantes de los Colegios de Propaganda Fide. Sin embargo el fraile del Santo Evangelio no supo aprovechar esas oportunidades ni sobreponerse al golpe secularizador de las doctrinas. Su vida en la veintena de conventos a los que fue reducido, se hizo monótona, sin incentivo, sin apelación para nuevas vocaciones. Las estadísticas son un interesante testimonio de la pérdida de vida. Para fines del siglo XVIII la Provincia, sin ninguna persecución, había perdido el 48%, de su personal pasando de 743 a 405.

La Independencia, el liberalismo y las leyes de Reforma de 1859. Este derrumbe se agravó con los cambios políticos iniciados a principios del siglo XIX que, junto con las ideas de la Ilustración y del liberalismo, debilitaron el interés por la vida religiosa. Los frailes no encontraron la forma de adecuar sus ideales dentro del mundo moderno. Sin nuevos ideales, varios de ellos prefirieron abandonar la Orden y secularizarse. La pérdida de presencia de la Provincia dentro de la vida eclesial de México se nota en la total ausencia de los frailes en las polémicas tan importantes entre Iglesia y Estado en la primera mitad del siglo XIX.
Se podría pensar que la independencia de México fue la causa del decaimiento de la Provincia ya que la expulsión de los frailes españoles habría dificultado la organización de un trabajo sistemático. Hay que aclarar, sin embargo, que la Provincia dependió de personal español sólo los primeros años del siglo XVI, pues desde la segunda mitad de ese siglo se empezó a nutrir de sus propias vocaciones. Para principios del XVII aunque continuaron llegando algunos frailes de provincias españolas, éstos venían sólo a petición del reducido grupo español que los necesitaba para cumplir con la repartición de oficios en la Provincia de acuerdo con el sistema de la "ternativa", según el cual los tres grupos étnicos: españoles, criollos y europeos profesos en la Provincia, alternaban en los cargos provinciales,
Las dificultades para la vida religiosa durante el siglo XIX fueron muchas; pero el problema más serio provenía del interior de la orden al desconectarse de las circunstancias históricas que le tocó vivir. Así, al decretarse la supresión de las órdenes religiosas en 1859 la Provincia del Santo Evangelio estaba prácticamente extinguida

La sobre vivencia. La segunda mitad del siglo XIX se puede caracterizar como un período de mera sobre vivencia. Sin capítulos provinciales desde 1859, viviendo como sacerdotes seculares desde ese mismo año, sin casas propias de formación, pocas esperanzas había de un resurgimiento. A principios del siglo XX, en 1908, el visitador general de la orden José María Botaro, decretó la reorganización de los franciscanos de México reduciendo las seis antiguas provincias a tres comisarías dentro de las cuales quedaban integrados los Colegios de Propaganda Fide que se habían mantenido vivos gracias a su contacto con la religiosidad y predicación popular.

Revolución y persecución. Sin embargo, esta reorganización se quedó en mero proyecto debido a la Revolución mexicana que con las leyes antirreligiosas de la Constitución de 1917 hizo del todo imposible, no digamos una restauración, sino una sobre vivencia. La guerra cristera (1927-1930) agravó todavía más esta situación.

LA RESTAURACIÓN

Una vez terminada la guerra cristera empezó a tomar forma la restauración de la Provincia con la fundación de las casas de formación: primero el colegio seráfico (1930), luego el noviciado (1935) y finalmente la casa de estudios de filosofía (1936). En 1940 los estudios de teología que se habían impartido en la misma casa de filosofía, se trasladaron a El Paso, Tex. Con esto, el problema de la falta de personal encontró su solución. La década de 1950 trajo la definitiva restauración. El 14 de septiembre de 1951 el Definitorio general de la Orden: devolvió a la provincia del Santo Evangelio sus plenos derechos de provincia.
A partir de ese año, el crecimiento de personal se hizo evidente. Alcanzó su cumbre en 1985 cuando los frailes del Santo Evangelio llegaron a 305. En la actualidad ese número se ha reducido a 207, debido a la muerte de hermanos y al bajo número de vocaciones.
El crecimiento de la Provincia llevó a los hermanos a una intensa actividad, sobre todo de índole parroquial: más del 70% por ciento de sus casas quedaron establecidas como parroquias, rectorías y santuarios. Hay que aclarar que un buen número de estas casas se encuentran en lugares sumamente pobres: Ciudad Nezahualcoyotl, Panixtlahuaca, Oax., Zezontepec, Oax., Huajintepec, Gro., Nicolás Flores, Hgo. Otras actividades importantes han sido las formativas en las que están trabajando más del 10% de los hermanos. Se deben mencionar también los centros educativos con cinco colegios. Hay un Centro de espiritualidad franciscana en la ciudad de México y un Centro de Estudios Humanísticos en Cholula, Pue., este ultimo afiliado a la Universidad de las Américas, Pue. La provincia del Santo Evangelio, con vida ininterrumpida por más de 480 años, sigue en pie esforzándose por traer a nuestro siglo XXI los ideales con los que se fundó en el siglo XVI

 

© Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México

Última modificación: January 4, 2012